viernes 1 de octubre de 2010



Otoño

El verano se despidió corriendo.
¡Qué poco duran los veranos y qué largos los inviernos!
Me sumerjo en el otoño
Como cuando te sumerges en el mar
después de la puesta de sol en verano,
y al salir una brisa fresca te recuerda
que es tiempo de ponerse a cubierta.

Este otoño donde ángeles caen como hojas suicidas
en campos roídos por la miseria y la guerra.
Cortinas de humo tóxico que se camuflan en la atmósfera,
hacen que este asfalto y el aire parezcan más grises en otoño.
Ráfagas de fina llovizna estremecen mis sentidos.
Húmedos tobillos en las colas del pan y el desempleo.
Otoño que nos abraza en un remolino
de frágil y nostálgico suspiro.

Inspiración robada a niños descalzos
que juegan en famélicos bosques.
Hay un otoño que llama al dolor,
en el aullido de un galgo abandonado,
y otro de cielo abierto
que nos llama a la esperanza.

Y esas nubes blancas…
que van escribiendo un verso
mientras algunos pájaros
huyen hacia tierras más cálidas.


Solo quedaron aquellas golondrinas que no perdieron la fe.
Se quedaron revoloteando en parques,

cantando en húmedos balcones al llegar el alba.

Ancianos de abrigos largos pasean a sus nietos
por senderos de amor que brotan de las cenizas
de un fuego casi extinguido.
¡Liberad las flautas de Vivaldi en otoño!
Y en este cuadro…
Alguien aprende a vivir, alguien aprende a amar.
Alguien escribe dulces poemas en hojas caídas.
Hojas llenas de esperanza.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buen poema. Sigo tu blog y me gustan todas tus poesías pero este me parece especialmente intenso. Quizás sea el otoño que nos envuelve de sensibilidad, me gusta como presentas la crudeza del inicio y la fuerza del final ofreciendonos la esperanza que todo el mundo buscamos ó está claro que deberíamos buscar. Muchas felicidades y muchas gracias.