(Madrid, 06 de enero de 2010)
Tiembla el amor.
Tiembla la esperanza
ante los gélidas nuevas del norte.
Tiemblan los niños ante la noticia:
Santa Claus desapareció con botas, trineo y renos
En algún provocado deshielo.
Otros dicen que fue secuestrado
por piratas disfrazados de esquimales
o quizás esquimales convertidos ya en piratas.
Para consolarlos alguien trata de explicarles
que Papá Noel o Santa Claus pertenecen
al mundo del “Nunca jamás existió”.
Pero quizá ya es demasiado tarde.
Tiembla la tierra.
Estornudan los andes escupiéndonos
sus cumbres nevadas en nuestras sonrojadas caras.
Aquí el que no aprendió a nadar
se puso a temblar.
Vuelven a temblar los bolsillos
en las interminables colas del paro y del pan.
Y a mi me basta solo un cálido abrazo
en este invierno que parece nunca acabar.
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